sábado, 16 de febrero de 2019

La Anunciación


─¿Sabes que hubo un momento en que casi, no sé, pasé una crisis mística y pensé meterme monja?
─¡He aquí la esclava del Señor! Ya entiendo mejor tu sabiduría en el tema de las Anunciaciones.
─Pues sí. Por eso me fascina ese cuadro de Fray Angélico. He estado en Florencia a ver el fresco en el convento de San Marcos. Es más grande que el cuadro del Prado. Más misterioso. Pero ni rastro de la golondrina. Luego también hay otra Anunciación distinta en una celda, también muy hermosa. Golondrina, sólo en la nuestra.
El misterio de la golondrina. Podría ser un título para una nouvelle.
─Creí sentir yo también una llamada. Menos mal que me esperé a que llegase mi señor.
─¿Yo?
─Tú, sí. Esto. Para mí también ha sido como si me estuvieras destinado. A lo mejor todos los enamorados piensan lo mismo.
─Y si te hubieras hecho novicia, ¿a qué monjas hubieras ido?
─Ni lo pensé. Sólo quería retirarme del mundo. Veía que mi cuerpo iba a causar demasiados disturbios.
─Si lo miras bien, estas semanas escondidos aquí son como una clausura. Y casi podrías cantar con las Adoratrices…
─Canto contigo, mi Señor. Canto para ti. Grito y aúllo y arrullo sólo para ti…

Eduardo Fraile

sábado, 9 de febrero de 2019

El cielo




(Iowa/Nevers, almacén de la editorial Balneario)

─El cielo es esto, ¿no?
─El cielo es… Oye, ¿te has fijado que el patio de esta casa tiene unas columnas como las de la Anunciación de Fray Angélico?
─Pues tienes razón. Vamos a buscarla en un libro de Arte, o del Prado, que está en el Museo del Prado.
─El Prado es mi tierra natal. Las Meninas son el Km. 0 de mi corazón.
─En el cuadro de Fray Angélico hay una golondrina…
─¡Qué observadora! ¿Ves? Esta conversación sólo podría tenerla contigo. ¡Pero si recuerdas la golondrina de La Anunciación!
─La de Fray Angélico. No recuerdo haber visto otra en otras Anunciaciones. Palomas sí, pero no recuerdo golondrinas.
─Eres increíble. Literalmente increíble. Pero eres real. Te toco.
─Y yo te toco a ti. Así que el cielo tiene que ser esto.
─Y luego están los cánticos de las monjitas. Hay horas en que los coros de los ángeles cantan para nosotros.
─Y las máquinas de la imprenta imprimen tus libros del Futuro.
─Seguro que en el Futuro ya no harán ruido las máquinas. Ni los coches pasarán por aquí.
─Pero en algún pliegue del Tiempo siempre estaremos tú y yo así, como ahora, diciendo estas palabras.
─Mi ángel.
─Que no, que el ángel eres tú…

Eduardo Fraile

sábado, 2 de febrero de 2019

Cuadernos de Iowa/VI


            Nevers,
          imagina que yo soy la Poesía. Entre todos los poetas del mundo te elijo a ti porque eres el único que no creía merecerme. Imagina que yo soy el Amor: me entrego a ti porque contra toda razón me esperabas. Y contra toda fe.

***
         Cuando estás cerca de mí, cuando estás junto a mí, cuando estás dentro de mí… Si estás cerca te noto. Te detecto. El espacio y el tiempo cambian en mi corazón. Cuando llegas, cuando estás a mi lado tiemblo toda. Vibro. Aleteo. Todas las células de mi cuerpo baten palmas de alegría. Cuando entras en mí, una deflagración, un latigazo, un rayo me recorre de la cabeza a los pies. Y me partes en dos.


***
            Me pareció encantadora tu inseguridad sobre ti mismo, sobre tu cuerpo, sobre si eras hermoso, sobre si podrías gustarle a alguien como yo. Por Dios. Mi belleza no es superior a tu belleza. Es más, tú haces que yo brille. Me enciendes la luz. ¿Te pasa a ti lo mismo conmigo? Pero ojalá no pierdas nunca esa ingenuidad y ese pudor adolescentes. Voy pisando ringleras de creídos que no tienen de qué, y tú permaneces erguido como el árbol más maravilloso de todos.

***

            Mi amor,
           qué guapo eres. Y qué distinto a todos eres. Ni se te ha ocurrido pensar por un momento que me merecieras. Tú sí eres un regalo para mí. Veo cómo tocas los libros, cómo, con qué delicadeza y sabiduría los tratas. Me siento el mejor de los libros en tus manos. Así me usas a mí, así pasas mis páginas. Así me tienes. Así me posees.

***
        Así me lees, mi amor, así me escribes. Quizá soy tu poema, quizá soy tu palabra. Mi piel, en la que escribes cosas. Mis labios, que dicen tu silencio. Mi cuerpo que es tu libro, el libro donde has escrito, donde estás escribiendo esta novela.

Eduardo Fraile

sábado, 26 de enero de 2019

La espera (Cuadernos de Iowa/0)


         Mi amor,
estabas aquí, en mi misma ciudad, cerca y lejos, cada uno a un lado de la vía. Cada uno a un lado de la raya de tiza. Y yo cruzaba cada tarde al otro lado de La Luna. Y allí estabas tú, haciendo como que me esperabas. Escribiendo en tu cuaderno los regresos de Ulises a su isla añorada. Escribiendo poemas de amor a una chica que no conocías todavía, pero que iba a venir una tarde, iba a empujar la puerta verde y a hacer añicos todas las precauciones y todos los miramientos. Directa y mortal. Mortal y rubia con coleta. Mortal, morada y desnuda para ti. Sin anunciarse. Sin pedirte permiso. Con un vaso en la mano lleno de rocío y diamantes. A que supero la ficción. A que supero a tu imaginación. A que me he encaramado a la altura justa de tu increíble deseo…
            Mi amor,
te escribo estas palabras en el mismo sitio donde estabas la tarde en que nos vimos por primera vez. He venido a esperarte, a ver cómo llegas, cómo no te retrasas, cómo te adelantas incluso, por si acaso me adelanto yo y para no hacerme esperar. Educado, delicado, lleno de estupor por que yo te haya elegido. Hoy la escritora soy yo. La gente me mira (seguro que me observan pensando lo peor de ti). Cuando llegues a abras esa puerta estarás entrando directamente dentro de mi corazón.

Eduardo Fraile

sábado, 19 de enero de 2019

Frío y caliente

─¿Qué habrá en Des Moines, además de chicas guapas? ¿Será una pequeña ciudad o una gran urbe? También me gusta Leclerc como nombre. Mucho francés por ahí, a ti te va a encantar.
─Suena a más pequeña que Iowa City.
─Podemos ver las dos, y luego decidimos dónde quedarnos una temporada.
─Sí, sí. Aunque la primera idea es la que cuenta. Des Moines, y desde ahí hacemos excursiones.
─A ver cómo nos apañamos. Allí usan el coche para todo y ni tú ni yo tenemos carnet. Nos vamos a gastar fortunas en taxis.
─Llamaremos la atención más por eso que por tu bellez y tu guapez y tu maravillosez. Pensaremos en algo.
─Tonto, que yo levanto la mano y para un chófer.
─De los de gorra de plato, señorita. ¿Sabes de dónde viene chófer?
─Del francés chauffeur?
─¡Sí! ¿Pero qué es chauffer?
─¿?
─Calentar. Los primeros conductores de automóviles tenían que calentar el motor para arrancarlos. Literalmente. Tenían que hacer una pequeña hoguera en el suelo…
─¿Tú eres mi chauffeur?
Volontiers!
─Aunque yo ya estoy caliente siempre contigo…
─¿Desea la señorita que también sea su réfrigérateur?
─¡Por favor, que lo he menester!


Eduardo Fraile

sábado, 12 de enero de 2019

My Way (Cuadernos de Iowa/V)


            Mi señor, tus pies: ¡Me los como! Qué hermosos son, como de un Cristo yacente de los del Museo de nuestra ciudad. Uno de Gregorio Fernández o de Juan de Juni. No me extraña que María Magdalena (también de las que hay en el Museo de Escultura) los lavase con sus lágrimas y los secase con su pelo. Entiendo a esa mujer. De mujer enamorada a mujer enamorada. Tus pies son míos: Quiero ser el camino que pisas. Te daré un masaje con mis senos (o me daré un masaje yo con tus traviesos y deliciosísimos pies).

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            Te corto las uñas de los pies. ¡Son de exposición! Así estás todo guapo, mi señor. Para que pises a tu sierva como si cayera una lluvia de pétalos sobre mi corazón.

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        Amado mío. Quizá recordaremos este momento. Quizá lo revivamos, lo resucitemos en el futuro. Quizá volveremos a estar juntos cuando ya no pudiera ser posible, y así venceremos al tiempo o a la distancia… o al mismísimo Amor.

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           Pero quiero ser yo las flores, los pétalos, quiero ser una alfombra de colores para que tus pies se refresquen. Que tus pasos sobre mí hagan brotar los más dulces aromas: tomillo, lavanda, romero, salvia, menta, té. Que no te canses nunca de andarme, de recorrerme, que no me dejes nunca por ningún otro camino.


Eduardo Fraile

sábado, 5 de enero de 2019

Hasta la Luna y vuelta


─¿Tú crees que nuestro amor será recordado más allá de nosotros, o de los que nos hayan conocido?
─Sí, estoy segura. Más adelante escribirás un libro sobre mí. Ese libro te hará rico. Te hará famoso.
─No quiero ser rico ni famoso ni nada. Parece que todo eso sea a condición de que tú ya no estés allí.
Tonto, que no. Yo tampoco quiero que eso pase si para ello tengo que perderte.
─Ay Dios. Para ser inmortal hay que morir.
─Somos mortales. Los dioses nos envidian por ello.
─Y a nosotros nos seduce la eternidad, la perdurabilidad de lo efímero que somos y de lo que hacemos.
─Los artistas entendéis bien esa aspiración, esa pulsión que hay en los humanos.
─Y las mises como tú. Tu belleza es lo más parecido al Paraíso.
─Y mi belleza se marchitará y tú ya no querrás estar en mi jardín, comiéndome las manzanas.
─Tonta. Tú serás bella siempre. El tiempo y el espacio no podrán hacerte nada.
─Ahí está. El tiempo y el espacio me destruirán, pero lo que seré en tu libro perdurará más allá de nosotros.
─O sea que tengo que escribirte, o sea que me enamoraré del personaje de ficción como lo he hecho con la chica real…
─Algo así. Pero yo quiero que me sigas amando en la realidad y en la ficción, hasta el final.
─Hasta el infinito y más allá.
─¡Hasta la Luna y vuelta!

Eduardo Fraile