sábado, 25 de enero de 2020

Retrato de Eduardo Fraile Valles en 1984

                                                       
                                                   Foto: Luciano Abejón

sábado, 18 de enero de 2020

Iowa (Epílogo/3)


Eduardo:
Uso tu bello nombre para hablarte desde el Futuro.
Un futuro donde yo ya no estaré. ¿Sobreviviste
a nuestro amor? ¿Sobreviviste a Nevers, a Nemours, a Denver?
¿Sobreviviste a quien fuiste para mí, a quien fuiste conmigo?
¿Escribiste los libros que tenías que escribir?
¿Escribiste mi libro?
¿Sobreviviste al dolor de perder a tu madre?
¿Sobreviviste a la envidia de los demás, al alejamiento
de los amigos?
¿Sobreviviste a la soledad?
¿Sobreviviste a tu orgullo?
¿Sobreviviste al éxito? ¿Sobreviviste al fracaso?
¿Preguntaste por mí?
¿Me encontraste de nuevo?



Eduardo Fraile

sábado, 11 de enero de 2020

Nevers (Epílogo/2)


  Pequeña, grande, la más alta de todas, más alta que la Luna lunera, cascabelera. Creces en mi recuerdo hasta atravesar el tiempo y el espacio. Creces en mí, me haces pequeño a medida que creces. Me llevas a mi infancia en Madrid, a la calle San Telesforo y al Liceo San Fernando. A la montaña de hierba y a la montaña de arena. Y entonces tú también te haces niña y jugamos a lanzar aviones desde la cima de la montaña verde, y nos dejamos resbalar por la montaña amarilla sentados en una caja de cartón.
***
  En todos los planetas estás tú. En todas las estrellas. Regando tu flor y sacando agua de mi pozo. Recorrer el cosmos buscándote no es una opción. No tenemos naves espaciales para encontrarnos. Sólo para huir.

***
  Me acuerdo mucho de tu cuerpo. Podría hacerse un vaciado, un negativo en mí. Ese hueco que ha quedado impreso en el espacio/tiempo que soy, eres tú. Y tu tacto. Por mucho que haya intentado recuperar un eco, un atisbo de tu piel acariciando otros cuerpos… Por mucho que haya tocado otros cielos y otras nubes fugitivas… Por mucho que te haya llamado en otras puertas estelares… Por mucho que haya querido engañarme aplacando mi sed en otras aguas…

***
  Ella fue lo mejor de mí, y lo seguiría siendo en el futuro, ese futuro sin ella pero con ella, ese yo distinto y nuevo hecho con lo mejor de los dos.

Eduardo Fraile

sábado, 4 de enero de 2020

Iowa (Epílogo/1)


            ¿Qué has hecho todos estos años? Sé que has escrito libros, pero ninguno era nuestro libro, y por eso sabía que aún estabas enamorado de mí. Que aún eras Nevers, que aún eras Denver, que todavía me esperabas más allá de la esperanza. Recuerdo cuando leímos en el diccionario de Domínguez, aquel de 1850, las dos o tres páginas que se tira para definir Esperanza. Yo a veces te recuerdo así, nos recuerdo así, aquellos días de nuestro refugio en Balneario. No he vuelto a España, pero ahora puedo recorrer la calle Juan Mambrilla en Google Maps y veo que ahora es peatonal y que ya no está la imprenta… Y quizá nos veo a los dos tras la ventana del 13, con esa bonita verja que fue nuestra jaula de oro aquellos días…
            Estás guapo en las fotos de los libros. Y las pocas que veo en Internet. Ya me doy cuenta de que huyes de esas cosas… Sé que no me has olvidado. Todavía te duelo, ay Dios. Todavía te duelo lo bastante como para escribir de los dos y hacerte millonario. Seguro que has vivido de milagro con tus libros preciosos. Deberían conocerlos en todo el mundo y veo que apenas se ha traducido alguno al francés. Escribe nuestra historia. Ya verás como vendes 100 millones de ejemplares. Y lo bueno es que eso te servirá para que tu poesía se extienda por el Universo. A mi pequeño planeta llegará el eco de tu éxito interestelar. Es lo que te mereces, mi amor de cuando fui aquella chica. De cuando me hiciste la mejor.
            Escribe. Escríbeme con tus palabras. Usa la pluma que te regalé, si todavía la conservas. Y ya sabes, mi Poeta: ¡Es una orden!

Eduardo Fraile

sábado, 28 de diciembre de 2019

Última página del cuaderno de Iowa


            Denver, espérame unos días.
Tengo algo que resolver para que todo quede despejado. Voy a ir sola, aunque la fuerza que necesito para hacerlo la he hallado en ti. Volveré pronto. Como mucho tres o cuatro días. Me protegerás mejor desde aquí.
            Tuya siempre,
I.

Eduardo Fraile

sábado, 21 de diciembre de 2019

¿Iowa? ¿Nevers? Nevers Iowa


(¿Iowa? ¿Nevers?)

Había pasado ya el invierno. Sería como marzo o así,
luego la primavera que vivimos juntos en el almacén de
Balneario Ediciones y después los breves días en la
montaña de Gijón. En el verano ya emprendimos el vuelo
hacia aquella ciudad de las chicas más guapas del mundo…
¿Cuánto tiempo viajamos por Estados Unidos? ¿Vivimos
allí la Navidad del medio Oeste, más fría todavía que
la de Valladolid? Entonces sí, debimos abrazarnos junto
a una chimenea cuyos troncos nos recordaban a nuestras encinas.
¿O quizá fue un sueño? ¿La proyección del deseo aún
vivo tras el desgarramiento de la separación?

(Nevers)

            Mi amor,
Han pasado los años, las edades, no sé. Quizá fue ayer cuando nos despedimos sin despedirnos. Un beso que no se sabe el último, porque nace con vocación de ser sólo el anterior del siguiente… El día que se acaba con la seguridad de que habrá otro amanecer…
Te esperé. Primero porque era eso lo que me pedías en tu carta, y luego porque también era lo único que podía mantenerme con vida. Te busqué. Y cuando ya no tenía esperanza te seguí buscando dentro de mí, en ese tiempo que hicimos juntos, que sacamos entre los dos fuera del Tiempo, como un caldero de agua que izásemos a cuatro manos del pozo de la Luna…


(Iowa)

            En el futuro nuestro amor será recordado. Cuando nosotros no podamos recordar, cuando ya no seamos, generaciones y generaciones de enamorados se mirarán en nosotros. Lo sé. Lo sabes. Sabes que lo escribirás para ellos, así que tienes una misión. Quizá te engañes durante años creyendo que tienes que escribir otras cosas, que serán dulces y maravillosas. Pero al fin sabrás que tu tema éramos nosotros, y volverás al principio. Volverás a la Luna, y ya no estará la Luna en la plaza de la Cruz Verde, sino un agujero profundo como la herida de nuestro corazón. Y llorarás. Y tus lágrimas crearán un río… bueno, dos ríos, mejor, que se juntarán enseguida, como dándose la mano como nosotros el primer día que abandonamos juntos nuestro café…

Eduardo Fraile

sábado, 14 de diciembre de 2019

Cuadernos de Iowa/XII


Nevers, Nemours, Denver
Al final tendremos que seguir a Denver, Colorado, a reunirnos allí con la Beat Generation, como Kerouac cuando no se permite parar en Des Moines porque tiene una cita en Denver con ‵los otros‵. Y sí, en Des Moines están las chicas más guapas del mundo, pero su deber, su misión, le lleva por otros caminos, le arranca del placer, por decirlo de alguna manera.
He pensado mucho estos días americanos en que quizá te he desviado de tu ruta. Que te he arrastrado (o que nos hemos dejado arrastrar por un viento de pasión maravilloso pero también cegador), que te he dado la mano y de repente estamos volando por el cielo de un cuadro de Chagall, sobre las torres incendiadas del atardecer… Es cierto, te he sacado de ti (me he sacado de mí) y no sé si a lo mejor te he desviado yo también de eso (sea eso lo que fuere) que tú tienes que hacer. A lo mejor tú tampoco sabes aún —aunque lo intuyes y lo persigues—  qué es eso a lo que estás obligado. Ni si yo entro ahí o no, si soy o no una influencia favorable o más bien una distracción (o una tentación).
No quiero darme argumentos —o dártelos a ti— para que dudemos ahora del nosotros que somos. Pero no dejo de sentirme a veces como secuestradora. Cuanto más te quiero más me pongo a dudar si mi amor no será interesado, y si supiera que supongo una desviación o un obstáculo en tu Obra, y perdón por la mayúscula, ¿te dejaría?, ¿tendría la fuerza sobrehumana que tuvo Jack al cruzar Des Moines sin detenerse… para liberarte de mí?

Eduardo Fraile