sábado, 28 de septiembre de 2019

El lunar


—Tienes un lunar aquí, debajo de esta tetilla. ¿Sabes que los franceses los llaman ‵grain de beauté′?
—Pues los ingleses, igual: ‵point of beauty′.
—¿Nuestra palabra vendrá de la Luna?
—No se me había ocurrido pensarlo, pero es bien bonito.
—Lo podemos mirar en el Corominas, pero creo que Pedro no tiene aquí diccionarios.
—Mejor no. Este lunar mío sí es de la Luna. Me gusta.
—Toda tú eres de la Luna.
—De nuestra Luna y de la otra.
—De todas las lunas del Universo, tuviste que venir a parar a ésta.
—¡Hala! ¡Bogart! ¡Qué pasada! Casablanca no nos pilla de paso en este viaje.
—¡Siempre nos quedará París!

Eduardo Fraile

sábado, 21 de septiembre de 2019

Ana & Tony


(Tomándose una copa en el velador del Poeta. Café La Luna. 11 de la noche)

ANA: ¿Y se van a ir a USA, esos dos? ¿Pero tienen dinero?
TONY: Me da que ella sí. Ha trabajado de modelo internacional.
ANA: Me lo creo. Qué bellezón. Hasta yo estoy impresionada.
TONY: Y ligaron aquí, en esta misma mesa.
ANA: Qué puntazo. Brindemos por ellos. El poeta y… ¿la musa?, ¿la poesía?
TONY: Desde luego, al poeta le ha caído el premio Nobel de… ¿de qué?
ANA: ¿Será bueno para él?
TONY: Será la hostia y el copón bendito. Pero se acabará. Ojalá no, pero se acabará.
ANA: El cielo y el infierno.
TONY: Oye, ¿te apetecería que nos fuésemos tú y yo también, unas vacaciones?
ANA: ¿Con ellos?
TONY: No, con ellos no. Pero el negocio va bien. Podíamos hacernos un tour o algo.
ANA: ¿Por la ruta 66?
TONY: Por ejemplo… o por Europa. ¿Grecia te parece?
ANA: ¡Me parece! USA me estaba dando un poco de torridez, ahora en verano.
TONY: Tienes razón. Islas griegas, Organízalo tú.
ANA: Vale, yo me encargo. ¿Y están todavía en Balneario?
TONY: No, les hemos facturado a la montaña, para que se desentumezcan, y en lo que les dé un poco el aire…
ANA: Ella va a querer irse ya.
TONY: Se irán por Francia, hasta París, y luego volarán a Nueva York.
ANA: ¡Vaya aventura!
TONY: ¿Nos pasamos por el Cafetín?
ANA: Casi vamos a casa, pensar en esos dos me ha puesto…
TONY: ¡Pues sin perder un minuto!

Eduardo Fraile

sábado, 14 de septiembre de 2019

Polvo de estrellas



—Me gustan mucho tus pelos: en las piernas, en el pecho. Y luego la delicadeza de tu cuerpo: pareces un Cristo yacente. Ya te lo veía en los pies, pero todo tu cuerpo es ascético, delgado pero firme, masculino y femenino. Y los pelos te quedan genial. Me encantas.
—Tú tampoco estás mal. A mí también me encantan tus pelos.
—¡Oye!
—Estás recubierta de un finísimo vello dorado que hace que parezcas de oro. Nunca había visto nada igual.
—Mejor. Te prefiero virgen.
—Sí, se puede decir que hasta que te he conocido…
—Dices conocido en lenguaje bíblico.
—Sí, bíblico y glíglico y metafórico y jitanjafórico.
—Vaya, que tu primer polvo estelar ha sido conmigo.
—Estelar, interestelar, galáctico… ¡Un cometa!
—¡La Vía Láctea!
—Uf. Hay algo en el Universo, no sé, las galaxias, las nebulosas parecen torbellinos de semen…
—Pues eso. ¡Polvo de estrellas!

Eduardo Fraile

sábado, 7 de septiembre de 2019

El axioma


—Estamos llegando a un estado de compenetración cercano al de los hermanos gemelos. Ya nos leemos el pensamiento. Tenemos telepatía. El uno acaba las frases del otro. Nos estamos fundiendo en uno. ¿Qué va a salir de aquí?
—La idea es que si la suma de nuestros yoes da una cantidad superior a la de las partes por separado, entonces guay. En cambio, si la suma es menor, pues la pareja se convierte en un lastre para las individualidades.
—Pues guay. Tú me elevas, me sumas, me multiplicas…
—Y contigo sigo siendo yo, pero mucho mejor, gracias a ti.
—O sea, que te potencio.
—Me potencias a la n. Toca, toca.
—No, si la evidencia no necesita demostración.
—¿Ah, no?
—Como un axioma.
—¿Y si hacemos el axioma?
—Suena a jadeo total, casi hasta la asfixia…
—Suena a japonés, a El imperio de los sentidos.
—Bueno, hagamos el axioma, pero sin ahogamiento. Ya me tienes toda marcada por el cuello. Axiómame con contención.
—¡Guay! Vas a ver…
—¡Sí! ¡Las estrellas!

Eduardo Fraile

sábado, 31 de agosto de 2019

La Guerra de Secesión


—Yo soy los Estados de la Unión y tú los Confederados.
—Tú el Norte y yo el Sur.
—Yo los Federales, tú los rebeldes.
—Tú los abolicionistas y yo los esclavistas.
—Yo soy tu esclava blanca, mi Señor.
—Tú eres mi Amor (o sea mi Amo, el único Señor a quien obedece el enamorado)
—Pues eso decía yo, tonto.
—Tú ganas la guerra. Yo gano la leyenda.
—Moriremos los dos en esta guerra. Ganaremos los dos.
—Moriremos de amor. Renaceremos mejores.
—Mejores no se puede. Yo te quiero así de mejor.
—¡Iowa!
—¡Denver!
—¡Colorado!
—¡Mississippi!
—¡Luchemos cuerpo a cuerpo!
—¡A bayoneta!
—¡Ríndete!
—¡Eso jamás! ¡Clávamela si puedes!

***
—O sea que tú eres Denver, pero yo soy el río Colorado.
—El más profundo y misterioso, el que ha dejado la huella más inolvidable.
—Y tú el Mississippi de Tom Sawyer y Huckleberry Finn.
—Me gusta ese río lleno de barcos de vapor, con ruedas de palas. Me recuerdan a la noria del abuelo Bernardino.
—Es como el Guadalquivir, pero a lo bestia.
—En ríos de Europa, tú eres el Sena. La Seine, que en Francia todos los ríos son chicas.
—Querido, tú eres todos los ríos del Mundo, excepto ese río de los griegos que era el río del olvido…
—El Leteo.
—Eso. Ese no. Tú no te olvides de mí.
—Jamás. Pero recuérdamelo todos los días.

***
—Hay dos estados nuevos que podemos añadir a la Unión.
—¿…?
—Los has creado tú.
—¡No me digas! Digo, sí, dime.
—El State Quieto y el State Conmigo.
—Huy qué mono él. Me lo como, me lo como.

Eduardo Fraile

sábado, 24 de agosto de 2019

El tesoro


—¿Qué sería un tesoro para ti?
—Tú.
—Ya. Pero eso no vale. Que no sea yo.
—Una primera edición del Quijote, un suponer. O la edición de Ibarra de 1780…
—¡Un libro! No dinero, ni oro, ni…
—Bueno, también me conformaría con un Velázquez, o un Gainsborough, o más modernamente un Monet.
—¡Cuadros! O sea, libros y cuadros son tu idea de un tesoro. ¡Cómo mola!
—¿Has dicho cómo mola?
—Tendrás mucho de eso. No te preocupes. Los libros y los cuadros y los objetos de arte y las antigüedades y esas cosas, vendrán solas a ti. Tienes imán para eso.
—¿Y para ti?
—Ya ves. Para mí los tesoros no lo tengo tan claro. Las joyas no me van. Me sientan bien, pero no me muero por ellas, tipo Liz Taylor. Igual soy más de lugares, una mansión antigua, una isla, un planeta…
—Un palacio renacentista. Te pega. Con jirafas y pavos reales paseando por los salones.
—Y en ese palazzo una gran biblioteca para ti, como ésas donde hay planetarios y esferas armilares.
—Qué culta eres: esferas armilares
—He visto la del Vaticano, y la de El Escorial.
—Perfecto. Mis tesoros caben en tu palacio. Con esas paredes puedo soñar con cuadros de gran formato.
—Reserva una estancia para reproducir el fresco de la Anunciación de San Marco. Una celda para ti y para mí. Como el Sancta Santorum
—Eres increíble. Hasta pronuncias el latín como una puccella florentina…
—Una celda desnuda con una cama como la que tenemos aquí.
—Podemos poner la golondrina del Prado en nuestro fresco.
—¡Sí, por favor, la golondrina la quiero!
—¿Ves?
—¡Es verdad! ¡La golondrina es la clave de todo!

Eduardo Fraile

sábado, 17 de agosto de 2019

Las tres parejas


—Ana es muy guapa, me gusta. Le pega a Tony, él rubio y ella morena. Tiene misterio. No hemos hablado, pero he notado que le caigo bien. ¿Pedro está casado?
—No sé. Él dice ‵mi compañera′. ¿Será la chica del libro que hemos leído? Viven en Villabáñez, una casa muy bonita de piedra, pero a ella no la he visto nunca con él.
—Me encantaría invitarles a cenar, pero ya sé que a lo mejor más adelante. Seguro que Pedro no le ha dicho nada a ella, de que tiene a alguien escondido aquí.
—La clandestinidad, chica.
—Me dan ganas de abrazarles. Les deseo lo mejor de lo mejor.
—Bueno, eso lo eres tú. Y ya estás pillada.
—¡Es verdad! ¡Se me había olvidado!
—Que te doy.
—Vamos escalonados: Tú y yo en los 20, Tony y Ana en los 30, y Pedro y la mujer misteriosa, en los 40.
—I…
—No.
—No qué.
—Lo que estabas pensando.
—Vale, vale.
—N, tú serás joven siempre. Cuando tengas 90 seguirás siendo un niño. Es lo que tenéis los poetas.
—I, tú siempre serás así de guapa.
—¿Más no?
—Más no se puede. Es imposible de toda imposibilidad. Tu belleza sería imposible de sostener si no fueras maravillosa.
—A ti lo que te gusta es el interior, a que sí.
—¿Te acuerdas cuando te desabrochaste el abrigo, la primera vez…?
—El abriguito rojo de la reina de corazones. ¡No podía fallar!
—¡De infarto! Como la primera vez que te vi en La Luna. Por cierto, me encantaría que nos escapáramos…
—¡Eh!
—Sí, ya sé, vamos a no cagarla ahora…
—Oye, te invito yo a un café ahora mismo, en mi pequeño planeta.
—¡Guay!

Eduardo Fraile